Mensaje
La primera década del siglo pasado vio el inicio valiente y sacrificado del magisterio adventista peruano cuando en Utawilaya y Platería comenzó la primera escuela adventista oficial en el Perú bajo la dirección de dos docentes, uno peruano y otro estadounidense: el amauta Manuel Zúñiga Camacho y la teacher Ana Stahl.
La unión vocacional de ambos inició un apostolado magisterial sin precedentes en la historia de la educación peruana que atrajo la atención y el reconocimiento de unos pocos pero también la persecución decidida y acerba de quienes dominaban entonces a su antojo a la sociedad campesina del Perú. Autoridades, clero y gamonales estaban decididos a erradicar la educación iniciada en favor de los campesinos en sus dominios. Sin embargo, el campesinado se aferró decidido a la única esperanza de su redención para salir de su postración e ignorancia, porque vieron en la docencia adventista seriedad, dedicación, compromiso, vocación y amor a la causa educativa y sobre todo amor hacia ellos.
Admirablemente, el mismo efecto y reto producido en el campesinado sureño se repitió en el oriente peruano cuando la docencia adventista brindó su servicio educacional a las etnias Asháninkas y Yáneshas en la selva central y en el Gran Pajonal.
Las jornadas épicas en las cuales los maestros adventistas fueron, perseguidos, ridiculizados, azotados y hasta muertos los afrontaron con coraje y fe y ellas pertenecen a las páginas heroicas de entrega por la transformación de la patria.
Hoy en un nuevo milenio, y con nuevos retos, la IASD con sus 135 escuelas, sus 70 colegios y su Universidad Peruana Unión en la Lima, con sus filiales en Juliaca y Tarapoto continúa educando a jóvenes y señoritas de elevados ideales que desean ver un Perú digno, moderno y progresista. Y la docencia que los dirige lo hace con el mismo empeño y la seguridad de que la misma dirección divina que la guió en el cumplimiento de su misión en el Perú lo seguirá haciendo siempre con auténtica responsabilidad social, buscando la superación de los peruanos en la ciudades, pueblos y comunidades donde le toque trabajar brindando una educación integral plena de ideales, de esperanza, servicio y salvación.
En este primer centenario de la educación adventista en el Perú, vaya nuestra inmensa gratitud y pleno reconocimiento a todos los que nos antecedieron en este apostolado y al mismo tiempo expresamos nuestro ánimo a quienes tomaron la posta para continuar con el deber hasta hoy. Hacemos votos para que los que continúan en el deber lo hagan conscientes y seguros de que no hay que temer lo que acontezca al magisterio adventista en el futuro sabiendo que la dirección dada por nuestro buen Dios en el pasado prosperará su tarea como la ha hecho siempre.
Dr. Merling Alomía

Gracias Señor por el privilegio que me diste de trabajar en la Educación Adventista y por las muchas veces que se conmovió el corazón de gratitud al ver las vidas que fueron y son trasformadas
por el maravilloso poder del amor expresado por colegas que creen
que la educación y la redención tienen el mismo fundamento.
Gracias, porque han sido treinta años y pareciera que fué ayer…y gracias porque pones en nuestra vida, la fortaleza y el entusiasmo de creer que aún hay mucho por hacer. Gracias por que la llama de la esperanza de tu pronto regreso ha crecido y el deseo de compartir el mensaje está presente cada día y a la espera de muchas vidas que anhelan ser transformadas por tu amor mediante la Educación Adventista.
A Dios se la Honra y la Gloria, por esos 100 años de la educación adventista. Que Dios Bendiga a cada uno de sus hijos que practican la docencia Adventista.
A mi traen bellos recuerdos la Familia Patiño, con quienes compartimos hermosos momentos mi familia y yo. Y al ver como Dios esta derramando su espíritu sobre esta familia me doy cuenta que no puede ser posible que toda vía algunos están esperando la lluvia tardía, cuando esta esta cayendo.
Cuidado no nos vallamos a quedar esperando que caiga la lluvia tardía y cuando sin darnos cuenta Venga a sorprendernos el Salvador.